Caniches & Cia


ir a contenido

Menu Principal:


Pareja Celestial

Nosotros

La pareja celestial


¡Cuánta pena! ¡Cuánta angustia! ¡Cuánta desesperación!
Quisiera ser por un rato un soñador, un chanta, un delirante místico, algo así para confortarme y confortar.
Por ejemplo, podría empezar un relato así:
"Había una vez un aviso en un diario, sección mascotas, que decía: Caniches & Compañía, caniches criados con amor, tiene el orgullo y el placer de anunciar que se ha logrado formar la primera pareja celestial caniche. Vengan a visitarnos y conocerán todos los detalles de este milagro."
La gente que asistía a ese lugar escuchaba una increíble historia. Ella era
Molly y él era Indy, perdón, me corrijo: ella es Molly y él es Indy. Quien es Indy ya lo saben, o lo sabrán, por otro relato anterior sobre él. Ahora vamos a hablar de Molly.
Sé que ella se va a enojar un poco conmigo, pero debo contarles sobre su niñez y de como surgió su nombre.
Molly era muy pequeña, tan pequeña, que sus compañeros mayores y aún cachorros, la asustaban. pero no tanto como para no saber qué hacer para que la respetaran como a una del tamaño de ellos. de espaldas contra un rincón se paraba sobre sus patitas traseras, estiraba sus bracitos y daba (ella creía) amenazadores grititos.
También aprendió a refugiarse al costado de la heladera y desde allí, desde su cueva, podía surgir su amenazadora cabeza mordiendo al aire. Siempre mordió al aire, no fuera cosa de lastimar a alguien. Bueno, y esto lo quiero escribir chiquito, como hablando bajito, para que no me escuche: de esa figura blanca y tan pequeñita en acción surgió la idea de "Molécula". Përo eso está bien para la niñez, en la adolescencia la llamamos Molly. Y eso le gustó mucho, por eso nos dimos cuenta que lo de "Molécula" nunca más.
Y cómo podemos describir a Molly, su vida con nosotros, antes de su etapa superior...
Molly era todo dulzura, todo amor, toda compañera; su única agresión era, a veces, morder al aire, dando un gritito, tal vez su forma de hacerse la cómica y que nos riéramos.
Siempre nos mostraba su afecto, con dulcísimas formas de mirar, acariciar, pedir upa o pedir compartir nuestra cama.
Y ella, que era todo amor, no podía hacer a otros seres que fueran como ella... no podía tener hijos, no podía criarlos, amamantarlos, enseñarles...¿Cómo podía ser que tuviera ese castigo?
Pero no se entristezcan. No se olviden cómo empezó esto: "HABIA UNA VEZ...", y eso es mágico.
"Había una vez, en este mundo, un ser llamado Indy que, también como Molly, tenían el aspecto de perritos.
De Indy ya saben la historia, o la sabrán como les dije antes. Y ahora van a ver cómo se juntan estas historias.
Indy desde su otra dimensión, nunca dejó de vernos y de estar con nosotros. ¿Y qué le sucedió? Se enamoró de Molly, una hembra como él siempre había soñado.
Y dicen que mucho amor produce milagros. Por eso Indy no tuvo que esperar mucho a Molly.
Vaya a saber cómo pudo enamorarla y convencerla de que se fuera con él. Pero así sucedió"
Y ahora me pregunto: ¿Cuántos hijos del amor de Molly y de Indy habrá? ¿Serán de otra dimensión? ¿Serán mesías, poetas, músicos, seres que enseñan amor, tal vez con apariencia de perritos?

A Jorgelina, mi amor, que se merece una vida mejor, la que idealiza para ella y para nosotros. A mi familia, a mis perritos, que intentan enseñarme a vivir...
Y a Molly que vino para quedarse con nosotros -ella sabe como- el 17/11/2000.

Alberto, 15/10/2004


Regresar a contenido | Regresar al menu principal